martes, 7 de enero de 2014

Las campanas de la torre de Calañas

                     Están ahí, en su sitio de siempre, en las espadañas de nuestra iglesia, pero por desgracia, cada vez las oímos menos. Nuestro paisaje social ha cambiado tanto en los últimos años que las campanas apenas son ya mensajeras de buenas ni de malas noticias. Ahora se oyen para recibir el año, en las fiestas de la Virgen, los domingos para misa o anunciando un funeral. La mayoría de los jóvenes no distingue el toque de fuego, el de niño perdido, o lo que es repicar o doblar.

Por suerte para nosotros, aún tenemos campanero, o tocador de campanas, ya que campanero es el artesano, el que las fabrica; de los buenos a mi entender, de los que tocan como se tocaba antes, con idea de prolongar la vida y sentido de las campanas de la torre durante otro buen número de años más.

Hagamos un breve repaso de lo que es una campana. Para su fabricación, se necesita muy poco: barro, metal y fuego. De sus orígenes podemos decir que chinos y romanos se servían de su sonoridad para anunciar todo tipo de acontecimientos y ahuyentar los malos espíritus. Este carácter pagano, pronto es absorbido por el cristianismo y no se ha levantado iglesia o ermita que no se precie de tener al menos una pequeña campana en su campanario. Su nombre proviene de la región de la Campania (Italia) y concretamente de su capital, Nola, nombre que tuvo en la antigüedad. El bronce, metal utilizado para su construcción, producto de la mezcla del estaño y el cobre, resiste impasible el transcurso del tiempo, pese a su continua exposición a los rigores climatológicos.

¿Quién no ha escuchado el tañido de una campana?
Suenan cuando nacemos y cuando morimos. Repican cuando anuncian un acontecimiento grato para nuestro pueblo, cuando estamos en fiestas o cuando una urgencia requiere del esfuerzo de todos. Son las doce campanadas las que inician un nuevo año y ponen fin al anterior. Aunque muchas veces no seamos conscientes de ello, las solitarias campanas, colgadas de lo alto del campanario, marcan con sus sonidos los ritmos más tradicionales de nuestra vida.                              
Campana de la torre de Calañas


Decía D.Pedro Ortíz Guerrero en su manuscrito de 1.816:
“..... en el pueblo había una torre y en ésta había una campana muy particular y grande que se oía de cuatro leguas de distancia claramente; siendo en tierras quebradas y de sierra. Estaba muy gastada por todas partes de la continuación de los toques, ya que servía también para el reloj del público; el letrero era gótico, y en lengua francesa, por haberse construido en Francia. Hay un sitio inmediato al pueblo que llaman Peñas-Campanas, donde se dice estuvo depositada en pleito con la ciudad antigua de Palos, de donde salió la primera expedición para el descubrimiento de nuestras Indias; tenía más de trescientos años y se daba a entender que estuvo mucho tiempo tocando.........”

¿Quién de niño no ha subido a la torre? ¿Quién no ha estado repicando las campanas? Resultaba emocionante agarrarse con ambas manos, una a cada cuerda que sostenía el badajo de la campana, si era la de la campana gorda mejor, y mover rítmicamente los brazos sintiendo como las vibraciones te penetraban por todo el cuerpo.
¿Quién no ha oído decir que en la campana gorda hay una inscripción que decía: María Gracia me llamo, cien quintales peso, y quien no lo quiera creer, que me tome el tiento.?
Dicen que el esquilón que da a la Plaza de la Virgen de Coronada, solo se tocaba cuando había misa en el cementerio y también que la campana del Convento, cuando estaban en él las Carmelitas, sonaba 33 veces todos los días a las tres de la madrugada. 

          
Campanario del Convento (sin la campana)
                                                    
                                                


 En tiempos de Don José González (Cura Estepa), los toques eran efectuados por Juan Cabeza, diferentes a lo largo del día: se empezaba tocando al alba, luego la misa de las diez, después a las catorce horas tocaban las vísperas, al oscurecer oración, sobre las veintidós horas tocaban las ánimas, y a las doce sonaban tres campanadas.

¡Cuantos campaneros habrán pasado por nuestra torre! Pepe Clavero, Matías Martínez, el nombrado Juan Cabeza, Alonso el sacristán, Joselito el de la Bodega, Miguel el monaguillo, José Chocolate, Sebastián, .......

Resulta agradable saber que actualmente nuestro campanero, que lo fue antes de ahora, lo hace por afición, porque le gusta tocar, eso me consta, y las cosas hechas de buen agrado siempre salen mejor que las que hacemos por obligación o a la fuerza. ¡Animo, amigo José! que tu labor sea por mucho tiempo, y si puedes enseña a alguien que lo desee, que nos se pierdan esos sonidos metálicos que traspasan el silencio y aunque sean de agonía también forman parte de nuestras tradiciones, de nuestras vidas de pueblo.

CALAÑAS, 2014

                                                             



                                                                                                           


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