martes, 17 de marzo de 2026

Un Castillo en Calañas. El Morante (III)

Los restos de la fortaleza de Calañas son hoy muy visibles sobre una de las crestas de la Sierra del Morante, con un impresionante dominio visual sobre el entorno y donde subsisten restos de dos recintos defensivos, una torre y un aljibe bastante bien conservado.

En un documento de finales del XVI, concretamente del año 1583, aparecen comentarios a propósito de la fortaleza de Calañas. Se trata de un informe sobre “Las visitas de todos los estados y casas palacio de su Excelencia que por mandato del Excelentísimo Duque Don Alonso hicieron los padres de Fr. Diego Ruiz y Fr. Agustín de Salucio, de la Orden de San Agustín, y de los Licenciados Diego Méndez de Cabrera y Agustín Fernández, del Consejo de su Excelencia. El documento indica lo siguiente:


“ advierten muy bien y con el celo que se presumía a tales visitadores a Vuestra Excelencia de un castillo que está en éste lugar en admirable citio y con circunstancias de fuerza, así de parte del lugar como por tener aljibe y una laguna al pié del castillo y con gran disposición de hazer frontera al reino de Portugal qual fuese menester; el qual, por falta de no acudir allí el alcayde ni reparase lo que se arruina, está de mala suerte tratado, que si poco a poco se fuese reparando sería cosa de ynportansia”.    

 

                                                                         Aljibe
                                                                Restos de una cerca   


        

La regencia de Fernando el Católico no fue bien vista por un sector de la nobleza castellana. Andalucía fue uno de los baluartes de oposición al regente, con figuras como Juan Pérez de Guzmán, III Duque de Medina Sidonia. Contactó con la reina Juana y su esposo, Felipe de Habsburgo, ofreciéndoles apoyo económico y militar para hacer frente al regente. El matrimonio concedió a Guzmán el título de Lugarteniente Real y Capitán General de los Cuatro Reinos de Andalucía, además del reconocimiento de su señorío sobre Gibraltar por el que había litigado con los Reyes Católicos. La muerte prematura de Felipe no evitó que el conde de Niebla siguiera rebelándose contra las directrices de Fernando el Católico, intentando sin su autorización la conquista de Gibraltar en 1507. A su vuelta de esta contienda fallida, Juan de Guzmán moría en Sevilla víctima de la peste.

El condado de Niebla fue heredado por Enrique de Guzmán. Debido a su minoría de edad fue tutelado por su cuñado Pedro Girón, contrario también a la regencia de Fernando el Católico.

Con su vuelta a la regencia, Fernando el Católico intentó acabar con los últimos núcleos de resistencia a su autoridad. En el caso del condado de Niebla, solicitó a Pedro Girón que le cediera la tutela del conde. El regente ofreció casarlo con una de sus nietas, rompiendo así el compromiso previo de Enrique de Guzmán con María Girón, hermana de su tutor. Pedro Girón rehusó, acelerando el matrimonio previsto, que se celebró sin aprobación real. Ante el desafío, Fernando el Católico ordenó a Girón la entrega a la Corona de las fortalezas del señorío. Girón rechazó hacerlo, alegando que su cuñado era ya un hombre casado y, por tanto, con pleno dominio sobre su hacienda. El rey decidió desterrar a Girón, que huyó a Portugal llevando con él al Conde de Niebla.

La huida de Enrique de Guzmán provocó que el rey lo declarase en rebeldía y decretase que sus territorios pasaran a la Corona. Todos los alcaides obedecieron a excepción del de Niebla, Rodrigo Mexía, que mantuvo obediencia al duque. Fernando el Católico ordenó el asalto de la ciudad, pero el asalto no se llevó a cabo porque Pedro Girón capituló, pero las crónicas refieren un saqueo en el que se daría muerte a gran parte de la población.

Tras ese asalto de 1508, los nuevos alcaides tomaron posesión de sus respectivas fortalezas a lo largo del mes de diciembre, siendo en Calañas el nuevo alcaide Lázaro Bernal quien la recibe de Gonzalo de la Hiniesta y dando fe de ésta posesión el escribano público Diego Bernal.

Los pagos que recibían estos alcaides por sus tenencias eran indicativos de la importancia concedida a sus fortificaciones. A Calañas le correspondían 30.000 maravedíes, aunque luego aparecen apuntes de 12000 mrv por medio año de 1507 y un privilegio de rentas del dicho lugar de 8000 mrv cada año, sin embargo a Niebla eran 200.000 maravedíes. Hay una entrega de 1500 mrv a Lázaro Bernal, alcaide de Calañas, para su gasto de ciertos días que anduvo por los lugares del Condado por mandato de los señores gobernadores haciendo matar la langosta.

En documentos de los años 1535 y 1536, se ilustra quienes ostentaban las alcaldías y cuánto percibían por ellas. Pedro López de Palacios Rubios, alcaide Calañas, percibía 15000 maravedíes, cantidad reducida a la mitad en relación a los años 1508 y 1509, aunque las cantidades anteriores son muy parejas a las cobradas por otros alcaides en sus fortalezas. En 1556, el alcaide del castillo era Juan de la Fuente, persona de toda confianza de sus señores, hecho demostrado porque cuando el conde de Niebla Don Juan Claro de Guzmán reciba de su padre, el Duque Don Juan Alonso, le encomendaba misiones que se sucederían hasta después de su muerte. En 1573 aparece como alcaide del castillo de Calañas Juan de Vallejo, que recibía pagos cada cuatro meses de 10.000 maravedíes. En estas fechas la fortaleza de El Morante debía presentar ya un estado ruinoso. En un libro manual de libranzas correspondiente al año 1612 ya observamos que no se menciona al castillo de Calañas, ni tampoco el de la Peña de Alhaje. 

Muchas de las fortalezas entraron a formar parte de la defensa pasiva del Condado de Niebla, y sus alcaides, nombrados entre hombres de armas de probada garantía, habían de residir de forma permanente en las fortalezas auxiliados de su guarnición militar. Los alcaides atendían en las poblaciones fortificadas la convocatoria de alardes (muestra o reserva que se hacía de los soldados y de sus armas y la revista que se les pasaba) dos veces al año, para comprobar la suficiencia y adecuación de sus milicias. Las obligaciones militares de la población amparada bajo éstas fortalezas quedaban encuadradas en “cuadrillas” de 10 miembros, que debían aportar, según su capacidad de renta, caballo, armas y atavíos pertinentes, siendo el resto de vecinos menos pudientes los que aportaban ballesta o lanza, o bien formar parte del grupo de espingarderos (llevaban un arma que se cargaba por la boca del cañón (espingarda)) a los que se les facilitaba la espingarda, pólvora, mecha y proyectiles, debiendo tenerlos cuidados y en buen estado.

Por último definiremos la importancia de la cuenca visual potencial como la superficie del terreno que es vista desde un punto de observación. El castillo de Calañas extendía su cuenca visual a unas 87.850 Ha, mostrándonos interacciones visuales sobre los siguientes castillos y atalayas: Las Peñuelas, Peña Alhaje, Atalaya de Xuey, Torres de Navamulera y Don Quílez, Sotiel, Cabezo Andévalo y Mingorreras e incluso Trigueros.

 

miércoles, 11 de marzo de 2026

Un Castillo en Calañas. El Morante (II)

En éste estudio que han realizado, tienen mucho que ver las Ordenanzas de 1504 para el Condado de Niebla y Ducado de Medina Sidonia promulgas por Juan de Guzmán, en las que se recogían “usos, costumbres y reglamentos más antiguos”. 

En ellas se dedica un apartado especial a las fortalezas, al nombramiento de alcaides y sus obligaciones, al armamento, al avituallamiento y mantenimiento de las fortificaciones. 

Para su reparación se recaudaba el diezmo de cal, ladrillo y teja que se repartían entre las poblaciones que se encontraban en los lugares más cercanos a los castillos y dentro de su distrito defensivo. Entre estas poblaciones se encontraba Calañas, con su castillo.

La repoblación de la tierra tiene lugar en su máxima extensión cuando Niebla se 

convierte en Condado. En 1368 Enrique II otorgó el título de Conde de Niebla a Juan Alonso Pérez de Guzmán, IV Señor de Sanlúcar, en prueba de agradecimiento por la ayuda prestada en la guerra civil mantenida con su hermano Pedro I. De ésta forma se incorporaron al condado de Niebla algunas tierras que antes pertenecían al concejo de Niebla:

“…os doy en dote la villa de Niebla, e su tierra, Trigueros, Veas, Rociana, Villarrasa, Lucena, Bonares, el castillo de Peña Alhaje en el Campo de Andévalo, el Alcaría de Juan Pérez, Calannas, Facanías, El Portichuelo, Paimogo e los demás sugectos a Niebla; e doy os lo con título de conde….”

De los anteriores citados, Calañas, Facanías, Portichuelo y Paymogo, no aparecían en documentos anteriores a 1368, por lo que es de suponer que surgieron a lo largo de la primera mitad del siglo XIV.

Con la muerte de Enrique II, su heredero, su hijo Juan de Guzmán, III duque de Medina Sidonia, manda a Alonso Fernández Montemayor  a tomar posesión en su nombre de las localidades del Condado de Niebla, presentándose en los castillos e instándolos a entregar la fortalezas pacíficamente sin contradicción alguna. Se conservan testimonios de tomas de posesión de fortalezas de varias localidades, no así la de Calañas por el mal estado de conservación del documento que impide su consulta. Estas tomas de posesión tuvieron lugar un 27 de agosto de 1492. El encargo del Duque Juan de Guzmán a su enviado fue que se encargara tanto de las localidades como de “todas las fortalezas e alto e baxo dellas”. Se carece de documentación de la entrega de la fortaleza de Calañas al enviado en fecha de 1492, sin embargo hay una documentación de 1491 donde en el mes de junio, en un pleito de la ciudad de Sevilla con el Duque de Medina Sidonia y la Villa de Niebla por el Campo de Andévalo, una amplia delegación del Concejo Hispalense se presentó en Calañas, “cabe la Iglesia que dizen de Santa María de Gracia"con la pretensión de hacer cumplir la sentencia del licenciado Coalla y tomar posesión de la localidad. Luego se trasladaron al castillo:

“… e después desto, a poca ora, estando junto con la fortaleza de Calannas el dicho Rodrigo procurador fiscal de sus Altezas de los dichos términos e sostituto del dicho Diego de Guzman procurador mayor de la dicha cibdat e estando la puerta de la dicha fortaleza cerrada, pareció encima de una torre entre las almenas un ome que se dixo por nombre Diego Rodríguez, vecino que se dixo de Veas, en presencia de mi el dicho escribano, e de los testigos de yuso escritos. Luego el dicho Rodrigo pregunto a Diego Rodríguez si Gonsalo de Breuiesca, alcaide de dicha fortaleza, estaua ende, e respondió e dixo que no estaua ende porque dixo que era ido al dixo lugar de Veas.”

Rodrigo de Arcos anunció a su interlocutor que venía “ a tomar dicha fortaleza e que le requería que le abriese la puerta para fazer dicho abto de continuar la dicha posesión”

Diego Rodríguez anuncia a su interlocutor que: el non veía venir ende al alcaide de dicha fortaleza para que se la diese e que por eso non se la podía dar, ni quería abrir la puerta, porque no lo conoce nin sabe quién es, e que muchas vezes oyó dezir al dicho alcaide que estaua al seruicio de sus Altezas e del Duque su Señor”.     

Podemos deducir de lo anterior, que los alcaides no residían en las fortalezas que les habían sido encomendadas. Habían entrado en ventas, casas particulares, dehesas y tierras, sin embargo, las fortalezas de Calañas y Peña Alhaje, con sus puertas cerradas, funcionaron como último reducto y salvaguarda de la autoridad señorial y seguían siendo plenamente útiles al servicio de los intereses ducales.

El período comprendido entre 1470 y 1510, reinado de los Reyes Católicos, afectó al conjunto de fortificaciones existentes en el Condado de Niebla. Se construyeron nuevas e imponentes fortalezas (Trigueros y Niebla), se realizan importantes obras en las existentes y también se abandonaron algunas de menos renombre (Alquería de la Vaca, ubicada entre los ríos Chanza y Malagón).

Don Juan de Guzmán, entre 1506 y 1507, pensó que el mantenimiento y conservación de las fortificaciones ducales debía constituir un asunto de interés primordial. Así en las Ordenanzas de 1504, se dedican sus primeros artículos a las fortalezas. En ellas se especifican en primer lugar las obligaciones de los alcaides respecto a las guarniciones:

1.- Primeramente, que los alcaydes que tienen mis fortalezas por mi mandado tengan continuamente en ellas los hombre que conmigo tiene asentado, los quales contino estén y residan en ellas, especialmente tengan portero conocido que sirva aquel oficio y no de otro. Y qualquiera de los dichos alcaydes que algo faltare de cumplir  y no tuviere los dichos hombres, requiéranme y yo lo demandaré proveer. Y que los dichos alcaydes no sean osados a tomar ni allegar a cosa alguna de los dichos bastimentos, por manera alguna, ni por achaque que se pierde, con tanto que si viere que los dichos bastimentos se dañan o pierden, me lo hagan saber porque yo provea como cumpla a mi servicio.” 

 

Con el fin de asegurar la conservación de los edificios, ordena que se dedique a tal fin el diezmo de la cal, la teja y ladrillo de todas las localidades del Condado, indicando la fortaleza destinataria en cada caso: “ A la fortaleza de Niebla les darán diezmo Almonte, Bollullos, Rociana, Veas y Valverde; a la de El Bosque, Lucena y Bonares; Villarrasa y Trigueros para sí; a la Peña de Alhaje, Puebla de Guzmán, Paymogo, Osma y el Alosno; a la de Calañas, Villanueva de las Cruces y ella misma; a la de Huelva, ella misma y San Juan y Aljaraque.

En aquellas fechas se mantuvieron y abastecieron las fortalezas de Peña de Alhaje y Calañas, si bien no había armas que arreglar y mucho menos armas de fuego, que tampoco se compraron entonces. Interesaba destinar allí una guarnición a la antigua usanza para asegurar el control del territorio, no para hacer frente al ataque eventual de un ejército. La guarnición de Calañas estaba plenamente operativa, ya que a diferencia de la de Peña Alhaje, no constan obras de acondicionamiento y consta que se repararon algunas ballestas que debían guardarse en el castillo. El alcaide de Calañas recibió las siguientes armas: 

  • ·  Una ballesta nueva y se adobaron otras tres, con un coste de 1200 mv.
  • ·  Cuatro espingardas nuevas que costaron 1200 mv.
  • ·  Doce lanzas que costaron 600 mv.
  • · 10.000 sardinas prietas por 1000 mv. Trasportadas en seras por 300 mv.
  • ·  24 fanegas de trigo a 7 reales la fanega, 6051 mv.
  • ·  Tocino para 50 días, 7200 mv.
  • · 68 arrobas y media de vino a 50 mv. la arroba, 3425 mv.
  • ·  5 arrobas de vinagre a 25 mv la arroba, 125 mv.
  • ·  4 fanegas de sal a 70 mv. La fanega, 280 mv.
  • ·  2 fanegas de habas a 150 mv. La fanega, 300 mv.
  • · 2 fanegas de garbanzos a 150 mv la fanega,300 mv.
  • ·  4 arrobas de aceite a 140 mv. La arroba, 560 mv.

·          

  • · Hay un apunte final que cifra el gasto para abastecer la fortaleza de Calañas en 87.367 maravedíes, que se cargaron al tesorero Hernán Álvarez-Osorio y éste hubo de cobrar por virtud de un mandamiento de los señores gobernadores del alcaide  Pedro Díaz de León, que le fueron alcanzados por su cuenta del año pasado de DVIII años.
  • ·  Aparecen unos apuntes por pago de Gonzalo Martel por 35727 maravedíes por trigo, e tocinos e vino e sardinas y vinagre e sal e havas e garbanzos e aseite e bastina y leña e caxcos e pólvora y armas que conpró y entregó a Lázaro Bernal, alcayde de la fortaleza de Calañas para tener en depósito de la misma”.

 




CALAÑAS 2026

 

miércoles, 4 de marzo de 2026

Presentación del libro " MEMORIA TAURINA DE HUELVA"

 

Ayer día 3 de marzo a las 17,00 horas, tuvo lugar en el Museo de Huelva la presentación del libro “Memoria Taurina de Huelva”, donde se recogen multitud de temas relacionados con el mundo taurino y también la historia de muchas plaza de toros de nuestra provincia, entre ellas la de Calañas, mi pueblo.


 Por mediación de Ana Belén Carranza Delcán, tuve la oportunidad de colaborar aportando la historia de la Plaza de toros de Calañas, texto recogido con anterioridad en mi libro “Calañas monumentos y edificios singulares, siglos XVI al XX”.

El acto fue entrañable y acogedor, siendo atendidos los colaboradores a la perfección por José Ángel Ruciero, organizador principal, y al final del mismo recibimos de manos del Delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía en Huelva y de la representante de la Caja Rural del Sur (Organismo patrocinador) un ejemplar del referido texto.


 


 
CALAÑAS 2026