martes, 2 de junio de 2015

Calañeses en el Nuevo Mundo (DIEGO MARTÍN HIDALGO. Año 1604)




DIEGO MARTÍN HIDALGO, natural de Calañas, en el Campo de Andévalo, hijo legítimo de Lorenzo Martín Hidalgo y Teresa Ordóñez, otorgó testamento en la villa peruana de Cabana (fundada como Santiago de Cabana es una ciudad del centro-norte del Perú, capital de la provincia de Pallasca, ubicada en la zona norte del departamento de Ancash. Su fundación data del 2 de enero de 1857, sin embargo su origen se remonta a la época preincaica), en presencia del teniente de corregidor Juan de Carvajal el día 3 de noviembre de 1604.
 

Con anterioridad había hecho otra carta de últimas voluntades en el poblado de Moho (es una ciudad del sureste del Perú, capital de la Provincia de Moho (Departamento de Puno), situada al noreste del Lago Titicaca, en plena Meseta del Collao. Esta localidad recibe el apelativo de Jardín del Altiplano por la abundancia de flores en las casas del pueblo) ante también teniente corregidor Gaspar de Solís y el escribano Antonio de Ausola en la que dejaba por herederos al primero de ellos y al Padre Hernando de Rivera. Éste documento que estaba guardado en un bohío (chamizo) tapiado, situado cerca de la casa que tenía en el Valle de la Ricaja se consideraría por no válido renovando al albaceazgo de los citados Solís (corregidor) y Rivera (clérigo), sin que ello afectase en ningún modo a su honra y buena fama. En su lugar nombraba como heredero universal al clérigo Pedro de Mancilla. beneficiado de la Iglesia de Cabana. No se entremetería en el cumplimiento de su voluntad ninguna autoridad civil ni eclesiástica.
Como no sabía escribir firmó a su ruego el Notario apostólico Diego Álvarez. A las pocas horas de haber tomado ésta determinación, se personó de nuevo ante Juan de Carvajal para manifestar por vía de codicilo (es una disposición que el testador añade a su testamento con posterioridad a ser otorgado)  y en descargo de su conciencia, que tenía en Calañas dos hermanas llamadas Catalina y Ana a las que dejó solteras cuando se embarcó en Sevilla para las Indias; se les enviarían a cada una 250 pesos para ayuda a su casamiento. Si alguna había muerto heredaría la otra, si habían fallecido ambas heredarían sus respectivos hijos y en caso de que ninguna tuviera descendencia lo haría su hermano Pedro Hidalgo, casado en Moguer, al que adjudicaba otros 500 pesos. Si tampoco él dejara herederos legítimos, se establecería con los 1000 pesos en la Iglesia Parroquial de su Villa natal Santa María de Gracia, una capellanía (beneficio eclesiástico) de misas por su alma y la de sus padres, de la que sería patrón su pariente más cercano. Firmaron como testigos el licenciado Juan Matías de Mendoza, cura de Moho, Juan Gahona y Juan de Brito.

* Manuel Sánchez Pérez. Revista Virgen 1996 

CALAÑAS, 2015 

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