El pasado viernes, día 12 de abril, en la celebración del último día del Novenario que dedicamos a la Santísima Virgen de la Coronada, tuve la suerte de presenciar en la homilía de la Eucaristía, una de las manifestaciones más sinceras y a la vez más duras que nunca antes había vivido. Nuestro párroco Don Guillermo Viana Giraldo, de todos es sabido, hace tiempo que no goza de buena salud y a pesar de todo el cumplimiento de su ministerio no se ha visto mermado por tal adversidad.
Como otros tantos sacerdotes que han ejercido en Calañas a lo largo de los tiempos, a Don Guillermo, creo que no vamos a olvidarlo nunca. Después de unos principios titubeantes, pronto comenzó con su labor sincera, pedagógica, humana y abierta hacia todas las personas que le necesitaban o simplemente que querían escucharle. La naturalidad con la que hizo su última despedida en esa homilía y la serenidad con la que se expresó, caló muy hondo en los sentimientos de los fieles que estábamos presentes. Todavía siento un escalofrío cuando recuerdo aquellos momentos. Podría decir que las palabras sobran, pero tengo necesidad de que sepan, de que sepa, que quedaremos cautivados con su pastoral, que pocas veces nos han trasmitido mensajes tan claros y comprensivos desde el atril, que echaremos de menos su sonrisa y su carácter siempre abierto. Gracias por todo Don Guillermo.
CALAÑAS, 2013